A tu perro, le gusta viajar contigo. Cada vez que baja a la calle, tiene la secreta esperanza de que va a empezar un gran viaje. Sabe dónde está aparcado el coche y empuja hacia allí siempre, por sistema. Si cuela, cuela. Cuando ve revuelo de bolsas y maletas en casa, junto a la puerta, entonces, sí que enloquece. A cada paso, se pone firme, sentado, en posición de espera, de cara a la puerta, como diciendo, yo ya estoy listo. La primera parte del viaje, se la pasará gimiendo – mitad de ansiedad (es su “¿Cuándo llegamos?”), mitad de mareo – pero luego, por fin se estabiliza y se duerme. Indudablemente, las ciudades nuevas le atraerán, pero le generarán un poco de estrés. Moverse en un mundo de ruidos, formas y olores tan desconocidos es para él algo difícil de asimilar. Quizás se ponga algo tenso, pero se acostumbrará. Lo que a él le gusta verdaderamente es viajar a la naturaleza. Un bosque, un camino nuevo, unos prados desconocidos… eso es el sumun de lo que él puede pedir. Y a tu perro, ¿Adónde le gusta ir?

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